Hacia donde ira este amor que duele, y se entrega hasta cuando podre soportar cada una de estas penas que me ahogan y me enredan que me pierden, y me encuentran.
Seguire encontrando la manera de entener de sentir entre tus labios el placer en un mañana juntos donde solo entre tus brazos amanecer.
Hacia donde ira este amor que llora, y espera hasta cuando sera realidad este sueño que atormenta que mis dias obseciona que da vida y me la niega.
Seguire encontrando la manera de entener de sentir entre tus labios el placer en un mañana juntos donde solo entre tus brazos amanecer.
Hasta cuando podre soportar cada una de estas penas que me ahogan y me enredan que me pierden, y me encuentran.
No podre, renunciar a esta manera de querer de sentir en tu mirada el poder en un mañana juntos donde solo entre tus brazos amanecer.
Vivo en la melancolía de un sueño... que me alcance perdido aun en la vida que ya fue... recuerdos que invaden y no se van... pero no se quedan...volveré navegaré aguas claras y cálidas pondré a favor del viento toda mi esperanza y mis deseos cruzaré el cielo vasto que nos une... llegaré a tu orilla...para encontrarte no estarás sola mientras navego hacia ti... mi dulce sueño...
Todos los duendes se dedicaban a construir dos palacios, el de la verdad y el de la mentira. Los ladrillos del palacio de la verdad se creaban cada vez que un niño decía una verdad, y los duendes de la verdad los utilizaban para hacer su castillo. Lo mismo ocurría en el otro palacio, donde los duendes de la mentira construían un palacio con los ladrillos que se creaban con cada nueva mentira. Ambos palacios eran impresionantes, los mejores del mundo, y los duendes competían duramente porque el suyo fuera el mejor. Tanto, que los duendes de la mentira, mucho más tramposos y marrulleros, enviaron un grupo de duendes al mundo para conseguir que los niños dijeran más y más mentiras. Y como lo fueron consiguiendo, empezaron a tener muchos más ladrillos, y su palacio se fue haciendo más grande y espectacular. Pero un día, algo raro ocurrió en el palacio de la mentira: uno de los ladrillos se convirtió en una caja de papel. Poco después, otro ladrillo se convirtió en arena, y al rato otro más se hizo de cristal y se rompió. Y así, poco a poco, cada vez que se iban descubriendo las mentiras que habían creado aquellos ladrillos, éstos se transformaban y desaparecían, de modo que el palacio de la mentira se fue haciendo más y más débil, perdiendo más y más ladrillos, hasta que finalmente se desmoronó. Y todos, incluidos los duendes mentirosos, comprendieron que no se pueden utilizar las mentiras para nada, porque nunca son lo que parecen y no se sabe en qué se convertirán.
Que les parece esto señores de La Cocteleta, ya es la segunda vez que los adviertto de este blog, pero ustedes siguen permitiendo que esto siga adelante.
Hola Mara!
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